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A la fecha el 63% de la población mundial está conectada a Internet. Vivimos en la era de la interconexión, y es raro ver personas que no tengan como mínimo un teléfono inteligente o Internet en su hogar. Tanto es así, que se ha incrementado una tendencia que en 1999, Kevin Ashton llamó Internet de las Cosas (IoT por sus siglas en inglés).
Si buscamos la definición de IoT encontraremos que es un término amplio que se utiliza para describir la interconexión digital entre aparatos, personas, máquinas y la propia Internet como medio para el intercambio de datos entre ellos. La función principal del IoT es recabar información de las cosas mediante sensores, de manera que con esa información se puedan tomar decisiones o desencadenar acciones a través de dispositivos y máquinas.
Internet ha evolucionado rápidamente y esto ha permitido que IoT sea ya una realidad y no sólo una visión de futuro. Los aparatos inteligentes son cada vez más frecuentes en la vida cotidiana, ya que pueden ayudar a administrar el tiempo, energía, recursos, bienes, servicios y mucho más. Se calcula que para 2025 habrá más de 70.000 millones de aparatos conectados en todo el mundo.
La fama de esta tecnología está dada principalmente por todas las aplicaciones y posibilidades que proporciona dando a los usuarios la posibilidad de controlar sus aparatos desde cualquier lugar. Que sirvan de ejemplo los comederos para animales, que dispensan la ración si se les da la orden desde un teléfono móvil.
Pero también hay aparatos que pueden recibir y transferir datos con poca o ninguna intervención humana. La tecnología asociada al IoT permite recoger datos y mandarlos a la red para su análisis o incluso realizar un análisis previo y después mandarlos a la red.
Por ejemplo, un termostato inteligente recibe datos de la ubicación de nuestro automóvil inteligente mientras conducimos y los utiliza para ajustar la temperatura de la casa antes de que lleguemos. Todo esto se logra sin nuestra intervención e incluso ofrece un mejor resultado que si lo hicieramos de forma manual.
Otro ejemplo es la heladera lista para conectarse a internet. En ella conservamos alimentos que a su vez, tienen una fecha de vencimiento. Gracias a su tecnología inteligente, puede conectarse a internet para avisar en nuestro teléfono móvil, cuándo los alimentos están a punto de vencerse, si hay una disminución de temperatura repentina, si algún alimento se está acabando o simplemente el consumo de electricidad en base al número de veces que se abre la puerta.
Termostatos inteligentes, electrodomésticos y luces regulables con gestión automática son los aparatos inteligentes conectados más populares, pero también hay televisores, lavarropas, cerraduras, detectores de humos y alarmas. El ámbito de aplicación del IoT es muy amplio y cada día surgen más y más aparatos.
Un sistema de IoT tradicional entonces, funciona enviando, recibiendo y analizando datos de forma permanente en un ciclo de retroalimentación. Según el tipo de tecnología, las personas o la inteligencia artificial y el aprendizaje automático pueden utilizar esos datos para realizar análisis casi de inmediato o durante un cierto tiempo y actuar en consecuencia.
Tal es el caso de los ejemplos de "hogar inteligente" mencionados antes. Para predecir el momento óptimo en el cual controlar el termostato antes de que lleguemos a casa, el sistema del IoT puede conectarse a Google Maps y así obtener información actual sobre los patrones de tráfico en el área. Además, puede utilizar los datos a largo plazo que recopila el automóvil para conocer nuestros hábitos de conducción. A su vez, las empresas de servicios públicos tienen la posibilidad de analizar los datos del IoT de los clientes con termostatos inteligentes a fin de optimizar el sistema eléctrico de la ciudad.
De hecho, el IoT ya se usa en muchas aplicaciones industriales. Varias plantas de producción utilizan dispositivos y sensores conectados a la red que analizan los datos que recogen y generan alarmas y mensajes que envian a los distintos usuarios para que tomen las acciones necesarias. Incluso pueden iniciar protocolos de actuación de forma automática, sin interacción humana, para corregir o tratar dichas alarmas.
Hablemos ahora de algunos detalles más técnicos.
El IoT tiene los siguientes componentes:
- Hardware y software básico que permiten la conexión de cada cosa a Internet.
- Dispositivos y sensores de muy diversos tipos (de movimiento, de temperatura, de presión, de presencia, etc.).
- Actuadores que permiten por ejemplo, acelerar una máquina, encender una luz, permitir el paso de corriente por un circuito, o abrir o cerrar un grifo.
- Un protocolo de comunicaciones para que las cosas envíen y reciban información por Internet. Actualmente, existen dispositivos o sensores cuya comunicación y conexión a internet es fácil y directa, pero también existen muchos otros dispositivos más antiguos no estándar cuyo protocolo de comunicación y conexión no es trivial. Esta falta de normalización en la comunicación hace que no todos los dispositivos sean compatibles. Una herramienta para resolver este conflicto en la comunicación de dispositivos de diferentes fabricantes ha sido MQTT (Message Queuing Telemetry Transport) promovida por la empresa IBM. Se trata de un protocolo abierto y estándar en el que todos los fabricantes puedan participar y soportarlo.
- Una App responsable de proporcionar servicios al usuario final y entre dispositivos.
Otro componente importante para habilitar el IoT son las redes de comunicación. A nivel doméstico se utiliza una red "WiFi" (2.4 GHz o 5GHz). Estas redes admiten una tasa de transferencia alta a costo de un consumo alto y un bajo alcance. Para conseguir mayor alcance y menor consumo se utilizan las conocidas redes móviles 4G o la más reciente 5G.
¿Qué hay de la seguridad?
La seguridad cibernética sigue siendo una preocupación importante para aquellas personas que adoptan soluciones tecnológicas como estas.
Se puede decir que el IoT no almacena datos ni datos de conocimiento humano. Lo que almacena es el comportamiento humano y la forma con la que interactuamos en el día a día, algo que para muchos resulta incómodo. Es que de repente tenemos una gran cantidad de ojos y orejas escuchándonos para recopilar datos sobre nosotros. Millones de máquinas aprendiendo nuestra rutinas para hacernos nuestra vida más fácil.
Tratando este asunto, Uruguay Educa publicó la siguiente reflexión:
Pero aquí cabe otro escenario, el cual revela que el IoT permitirá enormes cantidades de información personal circulando entre dispositivos, pero también entre proveedores y fabricantes de esos dispositivos, ¿cuál debería ser el marco normativo que nos ampare?, ¿será suficiente la Ley 18.331 de Protección de Datos Personales?, seguramente los juristas especializados en derecho informático ya preparan sus tintas para adecuar las normas y generar otras.”
